Estaba releyendo textos de medianoche, curiosamente los personajes terminaban muertos.

Desperté al siguiente día inspirada por el clima nublado, pero con el sol guiñando el día. Retomé en mi memoria vestigios infalibles e inexorables del maestro -quizás cliché de las primeras clases de la carrera de Ciencias de la Comunicación- , Marshal Mc. Luhan, quien predijo la era de la televisión como “la caja boba”, aldea global “Internet” y el “determinismo tecnológico”.

Este último puede ser un gran aliado; pero así también puede ser exactamente lo contrario. Hay cuestiones que un navegante de Internet y dependiente de ello, no puede controlar, como la falta de señal.

Cuando nuestro andamiaje laboral es esa “señal”, y teniendo en cuenta su preeminencia, no nos imaginamos su falta bajo ninguna circunstancia. Y finalmente cuando llega ese momento, la tensión se apodera de nuestro ser, son horas de martirio, de miles de conjeturas sin orden ni fin. ¡Oh jaqueca, no de nuevo, aléjate!

El tiempo pasa, ¡No! ¡Es tarde! ¡Nooo! He muerto en el intento de invocarte “señal”, los reclamos no son atendidos, no es “la atención característico del Estado”. Mis canas se volvieron con un verde más intenso, opaco, mi rostro se desfiguró airado.

Esa computadora es solo una máquina, pero determinante, es determinismo general de la historia. De las generaciones que vendrán.

¡Las horas pasan, el aire fluye, el tiempo corre; y aquí estoy inerme, fatigada, extenuada, aguardando “la señal” para continuar la acción. Consternada en el tiempo real y eterno, sin conmiseración!

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