Los primeros días de clases, una suerte de encuentro con los compañeros y obligaciones a cumplir a lo largo del año. Algunas materias convienen seguirlas, otras no me gustan ni me gustarán.

—No entiendo lo que este profesor explica, no sé si es por el calor que me deja el cerebro frito o es mi lentitud para entender las cosas, pero me perdí. Quiero llorar, ya no entiendo nada. Me siento frustrada. Sería inútil pedir que vuelva a explicar, será un buen motivo para la mofa colectiva, salvo que algunos al igual que yo, para evitar el ridículo, no pregunten.

—Profe, todo bien con la Física, pero no sabés enseñar, te apurás demasiado, -no puedo decir eso-.

—Profe, ¿será que viendo Gravity aprenderé mejor y entretenido?-eso tampoco-.

—Pero ¿qué pasa que no interrumpes, desde cuando te volviste sosegada?, te desconozco, vos no sos así — dice mi niño interior.

—Ese chico, por qué demonios me gusta, ¿qué es lo que podría ofrecerme un puberto engreído que solo piensa en sexo? Enseguida se acabarán sus cartuchos, es como un libro insulso, con hojas blancas, vacuo de contenido.

—Sigo sin entender, ¿acaso ya no terminé mis estudios y nunca más estudiaría temas que no son de mi interés? Tengo un certificado de estudios, la prueba está, basta de pesadillas, fueron cuatro años de lucha, todos superados, ya está, ya cumplí. Además yo elegí un camino largo y difícil, mientras muchos elegían temas fáciles para su memoria de tesis, como la política de tal en el periodo de un mes, harto sabido, más de lo mismo y lo hacían entre dos, sin embargo, yo, como toda taurina caprichosa, elegí hacerlo sola y abordando un tema que revuelve una realidad en nuestro medio. Mientras en otros países es moneda corriente, aquí tan solo una posibilidad, empero, me arriesgué, recorrí casi todas las bibliotecas, en el lapso de dos años, hasta ingresaba a librerías a escribir y leer algunos datos sin comprar nada, ¡qué insolente!. Mi tutor me ayudaba en lo metodológico, lo demás era descubrir la pólvora en el camino— recuerda resolviendo en su instinto justiciero.

De pronto, ahh, ¡cállense!, ¿ehhh? ¿Julieta Prandi?, ¿que hace aquí, en una casa de estudios?, ¿hablar de vanidades? La humanidad con esto se hunde en decadencia, pasaporte al retorno de la idiotez.

Ya empiezan los chistes sin gracia, es tan cliché. ¿Qué? Está hablando del conflicto en la cantina, por falta de pago. Se dirige afuera y estira el cuerpo, ¿ehhh? ¿Qué carajos está pasando? ¿Educación maldita?.

Un golpe en los ojos me sobresalta como la intro del videoclip de Robbie Williams en Tripping, cual pesadilla. Y eso que mis letargos son densos. Me repongo firme y pasmada, moviendo la cabeza con ademanes de negación, asintiendo un: ¡basta no quiero más esto!, ¡sáquenme de aquí!.

Cada tanto me asaltan la ironía de seguir estudiando lo que no quiero, como tareas pendientes en Matemáticas o Cálculos. ¡WTF! Ni en sueños…

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